El cuento de las comadrejas

Dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni, Marcos Mundstock, Clara Lago y Nicolás Francella.

Mara Ordaz (Graciela Borges) es diva de la época dorada del cine retirada y prácticamente olvidada. Vive en una vieja mansión con su esposo, un actor en el ocaso de su vida, y dos amigos; Pedro un guionista frustrado y Norberto, un viejo director. Entre los cuatro viven en una relación perfecta en su imperfección, una vida aparentemente idílica en el campo hasta que la inesperada llegada de dos jóvenes interrumpe un cotidianidad monótona y se convierte en una amenaza que pone todo su mundo en peligro.

La cinta es un remake de la original de 1976 “Los muchachos de antes no usaban arsénico”, actualizada para un público moderno y que funciona casi como una obra de teatro. Con pocos personajes, la cinta se apoya principalmente en el trabajo actoral, que es puntual y correcto. Las relaciones entre los protagonistas tienen varios matices que van de la amistad, la solidaridad, el rencor y el resentimiento; las cuales vamos viendo aparecer como capas mientras transcurre la cinta y se va apretando el nudo de la trama.

Los juegos de palabras son el principal encanto de la película, pues los antagonistas se enfrascan en un duelo de ingenio que hace las delicias del espectador por las referencias y paralelismos que maneja con un guión cinematográfico clásico. Esto se disfruta más para quienes están familiarizados con el trabajo de Marcos Mundstock en Les Luthiers. Salva sea la comparación, pero la ráfaga de frases inteligentes hace recordar algunos de sus montajes.

Una cinta dentro de una cinta, que parece ser consciente de si misma. La situación se va complicando tal cual podría esperarse de una cinta de misterio antigua y en base a ello van tomándose las decisiones. Hay algunos giros en la trama, pero en realidad ninguno es especialmente sorprendente, los diálogos los van anunciando con bastante anticipación, por lo cual el final no tiene el efecto que debería.

No es una historia que haga pensar demasiado al público, pero la contante lluvia de sarcasmo y las interpretaciones naturales hacen que sea muy disfrutable. Una vez más queda demostrado que no hacen falta dobles sentidos ni burlas baratas para mantener una comedia durante casi dos horas. Como bien alude el título, a las comadrejas no se les caza, se les deja acercar.

8.5/10

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