“Tres amigos”, la parodia al western y al cine ranchero

Por Daniel Flores

Sin duda, uno de los mejores filmes en el género de comedia es “Tres amigos”, que si bien se mofa de la provincia mexicana, también ridiculiza el ambiente de la farándula hollywoodense y la frivolidad con que este sector trata cualquier situación ajena a los lujos y las vanidades. Así, “Tres amigos” (“Three amigos!”, 1986) ha logrado mantenerse imperecedero, gracias al escarnio de los tópicos fronterizos, ridiculizados por Steve Martin, Chevy Chase y Martin Short.

Dirigido por el célebre, John Landis, realizador de culto del sub-género del terror, aclamado por cintas como “Un hombre americano en Londres” (1981), “Dimensión Desconocida: La película” (1983) y el video musical “Thriller” de Michael Jackson (1983), el trío  de comediantes surgidos del programa televisivo, “Saturday Night Live” (“SNL”), dio en el clavo con esta producción, cuyo guión corrió a cargo de Lorne Michaels, el hoy todopoderoso creador de “SNL”, así como del músico Randy Newman y el propio Martin, todo un cerebrito, poseedor de un alto coeficiente intelectual que le ha servido para, además de actuar, escribir novelas, ser empresario y tocar su banjo.

Pues bien, si no has visto esta graciosa historia o de plano no conoces el legado de los personajes antes mencionados, zambúllete en las arenas de la diversión de esta comedia, la cual, básicamente, trata de tres actores del cine silente (sí, aunque canten), que durante años representaron a una especie de justicieros vestidos de charros, los cuales, montando a caballo y cantando al son de la guitarra, daban cuenta de los “bad hombres” que saqueaban pueblitos en la zona fronteriza entre México y Estados Unidos.

Lamentablemente para “Lucky” (Martin), “Dusty” (Chase) y “Ned” (Short), su popularidad va a la baja, padeciendo para recuperar su estrella. Al mismo tiempo, en una villa mexicana, de nombre “Santo Poco”, una joven lugareña, “Carmen” (Patrice Martínez), es comisionada por las autoridades de su pueblo para invitar a los “Tres amigos” al terruño. Pero la intención no es hacerles un homenaje o que realicen un show en vivo, sino que peleen contra un auténtico cacique, “El Guapo” (Alfonso Arau).

La idea sobreviene luego de ver en pantalla, en un cine ambulante, a los “Tres amigos”, y claro, como los mexicanos son tan zonzos, no distinguen la ficción de la realidad. Si bien es un poco insultante semejante secuencia, también resulta una genialidad, ya que de algún modo parodia a las primeras cintas mudas de los Hermanos Lumiere, en especial, la del tren que llega a una estación y conforme el público veía a la máquina acercarse a la cámara, suponía que era real y que venía directo hacia ellos, en los teatros ambulantes del París de finales del siglo XIX.

Regresando a la trama de los “Tres amigos”, estos aceptan tentados por el jugoso salario que recibirán, suponiendo que rodarán un filme que quizá los devuelva a la gloria. Con escasos recursos montan a caballo hacia “Santo Poco” a través del desierto, donde se engendrarán memorables sucesos cómicos, como el de la canción, “Blue shadows”, interpretada por el trío y… ¿un búho? Ni qué decir de las escenas donde cenan murciélagos o en la que “Dusty” no puede hacerse un taco, dejando que la carne se caiga al plato en cada intento.

Luego de varias peripecias, todos descubrirán la verdad, que ellos no son justiciero y que el enfrentamiento contra “El Guapo” y su banda es verdadero, lo cual, hará plantearse a los héroes sin son hombres o simples payasos de un lugar llamado Hollywood.

Destaca sin duda el excelente guión, el cual incluye varias canciones, muy al estilo del cine mexicano ranchero, situación que sin duda conocía Martin al plantear el texto, logrando a su vez parodiar tanto al western como a las películas nacionales con charros cantarines, teniendo mejor suerte en ese sentido que el filme, “Casa de mi padre” (Matt Piedmont, 2012), con Will Ferrell, Gael García y Diego Luna.

A pesar de que en ese momento, Martin, Chase y Short eran pesos pesados de la comicidad norteamericana, Arau se roba la cinta como el simpático villano, sólo conocido con el apodo de “El Guapo”, llevando al extremo su rol que semeja un caudillo tipo Pancho Villa, el cual sólo obra por instinto, ya que en el fondo es un cobarde, pero mientras se va dando a conocer, el público no puede más que caer rendido por las gracejadas y envalentonamientos de este malandrín.

Entre piñatas, cumpleaños, holandeses voladores, platillos y música mexicana, los “Tres amigos” son capaces de hacer reír a tres décadas de su estreno, gracias a que el grupo de histriones estaba en el mejor momento de lo que serían largas y prolíficas carreras.

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